Me levanto temprano. No hay que aprontar nada porque hoy no se trabaja, por suerte. Me gusta mi trabajo pero también, los días de estar en casa en pantuflas y pijama, o un deportivo cómodo.
Decido darme una ducha caliente, hace frío. Miro hacia el cuarto de Manuel y duerme profundamente. Me tomo mi tiempo en la ducha, el aroma a lavanda del incienso que enciendo cada vez que me baño, y la luz de la vela encendida me dan cierta paz. Cierro el agua. Me envuelvo en mi bata y me miro al espejo. Tengo largo el pelo pienso, dicen que “hay que” tenerlo corto a cierta edad..vaya vaya..yo no quiero cortármelo. Paso un paño en el espejo porque casi no veo por el vapor. Ahí estoy, lo que va quedando de mí…sí, está larguito pero que quede así repito mientras me peino. ¿Dónde estará la vincha? siempre ordeno y siempre se desordena…ahí! colgada en el toallero. No es tu lugar le digo, como si ella tuviera vida propia y solita se habría ido allí. Es rosa. Hacía tiempo que no me la ponía, y la sustituía por la blanca que ahora estaba dentro del lavarropas.
Abro el botiquín y busco con los ojos el gel efecto peeling de Payot, me queda poco pienso pero bueno..
ya se podrá. Me lo paso y me refriego con más fuerza de la indicada,no necesariamente porque me vea mal de cutis , no por el momento, pero algo dentro de mí hace que quiera como borrarme la cara cosa que obviamente no lograré. Listo. Me paso agua bien fría y luego, con la toallita indicada y golpecitos me seco. Busco la crema de limpieza, terminado el tema con ésta. Humectante, sin muchas ganas me cubro la cara casi por instinto. Paso a los brazos, con otra, los codos en especial. Pronto. Me quito la vincha que ya no tiene función alguna. Le toca al cuerpo que no le doy mucho espacio esa mañana. Esta rutina es nocturna, pero por tener libre la hice de mañana. Listo, me tomó más tiempo pero no importa porque no lo cuento.
Me visto cómodamente, vuelvo a peinarme y mirarme al espejo y siii!! soy yo esa..no queda otra! me digo a mí misma.
Manuel continúa durmiendo qué hora será? busco el celular por algún lado y veo que son las ocho y veinte..con razón! Me preparo el desayuno pero esta vez, pensando en tomarlo sola porque Manuel tiene sueño y no hay necesidad de despertarlo. Una taza de café con leche caliente , un trozo de queso y una tostada. Pero antes infaltable el agua que siempre necesito al levantarme.
Miro la casa y está ordenada, debería pasar la aspiradora pero a esa hora y día domingo, no era justo para mi niño, ni para los demás. Tampoco para mí.
Un buen libro? hmm no, no estoy en èpocas de poder concentrarme. Miro una revista de decoración que me encanta mientras desayuno, anoto un par de ideas y esbozo algo que me gustaría cambiar pero dejo el tema allí. Lavo la taza y el plato, vuelvo al living con un vaso de agua fresca. ¿Qué puedo hacer?
Mientras enciendo el equipo y pongo a Sylvio a cantar bajito…miro un cesto que tengo con lana,y otras cosas. Ahí miro con pena un buzo azul que había comenzado para alguien….pero ahora?para?decido seguir por algún motivo que mi razón no tiene respuesta. Me tiro en puff, con el control del equipo cerca y retomo el tejido. Punto a punto voy pensado por qué sigo con ese buzo y me digo…por algo será.
Así como una teje la vida, las historias, me doy cuenta que son dos las agujas, se necesitan dos agujas en este caso para formar un solo buzo, en este caso, y mi mente divaga…dos agujas, un buzo ,que es para abrigar…los puntos van quedando unidos, con algún que otro detalle que puede arreglarse. Sylvio canta dulcemente “Unicornio Azul” justamente el buzo es azul…por algo será, será? o quizá no y termine abrigando a alguien que sin duda necesita abrigo.
Muchas veces me he cuestionado sobre mi forma de ser, de querer, de amar, de confiar, esperar…en fin tantas cosas! y más allá de la supuesta humildad que una tiene que tener en la vida, concluyo que en esas de entregar…estar…amar…confiar prefiero seguir siendo como soy, a pesar de….que duela. No hay nada mejor que sentir y estar seguros de lo que sentimos , dejar de pensar si es tóxico o no. Sólo sentir y dejar fluir…
Tomo un gran sorbo de agua, me extiendo en el puff y abrazo el buzo….se me va el corazón hacia alguna parte a contar un secreto. Mientras yo miro fijamente el techo y Sylvio ya comenzó a cantar: No hace falta alas…
Me incorporo y sigo tejiendo acariciando cada trozo de lana…conversando con ella.
María Adela.
